Bonarda
La Bonarda es la segunda uva tinta más plantada de la Argentina, después del Malbec, y durante décadas fue la trabajadora silenciosa de Mendoza: daba color y volumen a los cortes, casi siempre sin figurar en la etiqueta. Hoy ocupa el lugar que le corresponde.
En la copa, una Bonarda argentina se reconoce por su fruta roja y negra bien madura —cereza, ciruela, frutos del bosque—, su acidez natural y unos taninos redondos, mucho menos severos que los de un Cabernet. Es un tinto que se deja tomar joven, sin años de guarda, y que funciona igual de bien con una picada que con un asado.
En Familia Falasco trabajamos dos expresiones de la variedad, cada una con su origen:
El Los Haroldos Estate Bonarda nace en el Valle de Medrano, de suelos profundos y marcada amplitud térmica que dan una maduración equilibrada: un vino intensamente frutado, fresco y de taninos suaves y envolventes. Los enólogos lo describen como un vino noble, un varietal histórico de San Martín que durante años aportó calidad a los vinos de mesa y que, desde hace más de una década, jerarquizamos para sacar su máximo potencial.
El Winemaker Series Bonarda Single Vineyard proviene de Montecaseros, de clima cálido, seco y soleado que le da a la Bonarda el tiempo para completar su largo ciclo de maduración: color intenso, fruta madura y taninos redondos. Es un vino de alta gama, para guarda, de viñedos históricos de casi 100 años.
Maridaje. La Bonarda pide comida con grasa y sabor: asado, chorizo, provoleta, pastas con salsa de tomate, quesos semiduros, empanadas. Servir entre 16 y 18 °C.
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